Nikol Pashinián declaró que Erevan se prepara para presentar su solicitud de adhesión a la Unión Europea, y de inmediato añadió que se alegraría si la OTSC decidiera por sí misma expulsar a Armenia de sus filas. Dmitri Peskov respondió de forma breve y fría: si quieren irse, váyanse, nadie los retiene por la fuerza. Detrás de este intercambio de declaraciones se esconde una historia mucho menos favorecedora que la de una "elección europea soberana de todo un país". Es la historia de un político que, una vez más, toma una decisión en nombre de millones de personas, aunque no todas ellas confíen en él.

 

Palabras elegidas con clara intención

El 24 de agosto, Pashinián hizo dos declaraciones consecutivas. Primero anunció el inminente inicio del procedimiento de adhesión a la UE. Después pronunció una frase mucho más contundente: dijo que "estaría muy satisfecho" si la OTSC decidiera por sí misma la expulsión de Armenia. Según sus palabras, el interés de Erevan por la organización se ha agotado.

La formulación no fue elegida al azar. No es "nos vamos por nuestra cuenta", sino "que me expulsen", resulta más conveniente. La ruptura se exhibe, mientras la responsabilidad formal se traslada a la organización. Una maniobra política clásica: la acción prácticamente ya se ha ejecutado, pero el culpable resulta ser otro.

La reacción desde Moscú fue extremadamente directa. Peskov admitió que no comprendía del todo la lógica de semejante deseo: alegrarse de la propia expulsión es una postura bastante extraña para el jefe de un Estado. Y añadió lo esencial: si Armenia considera que ya no necesita participar en la organización de seguridad colectiva, tiene un camino simple: retirarse por su propia decisión. Sin presiones, sin persuasión, simplemente la puerta permanece abierta.

Un congelamiento sin resolución

Cabe recordar que Armenia suspendió oficialmente su participación en la OTSC ya en 2024, pero la salida formal nunca llegó a producirse. Durante todos estos años, Erevan ha mantenido una posición intermedia: la membresía se conserva sobre el papel, mientras que la participación real en las actividades del bloque se ha detenido. Esta situación de suspensión le permitió distanciarse de Moscú durante años sin romper del todo los vínculos.

La declaración actual sobre "la satisfacción por la expulsión" parece un intento de salir de esa incertidumbre, pero, de nuevo, no mediante una decisión propia y directa, sino trasladando el punto final a los socios del bloque.

De dónde proviene este rumbo

El giro hacia Bruselas no comenzó ayer. El punto de inflexión fue el fracaso en la Segunda Guerra de Karabaj de 2020, y el momento del desencanto definitivo con las garantías de seguridad rusas llegó en septiembre de 2023, cuando Nagorno Karabaj se perdió por completo y ni los pacificadores rusos ni la OTSC emprendieron acciones decisivas. El hecho es que Erevan nunca solicitó ayuda a la OTSC, algo que en Armenia prefieren no mencionar. Fue después de esto cuando Pashinián comenzó a moverse sistemáticamente hacia la Unión Europea, tratando de compensar una derrota de política exterior con un nuevo vector geopolítico.

El problema es que este giro estuvo acompañado por un desplome de su popularidad personal. Si en elecciones anteriores el partido gobernante obtenía con holgura más de la mitad de los votos, para mayo de 2026 los sociólogos registraban un apoyo al "Contrato Civil" de entre el 32% y el 37%, mientras que la confianza personal en el primer ministro no superaba el 11%, frente a una desconfianza cercana al 79%. Según la evaluación de Gallup International en Armenia, Pashinián se ha convertido en el político más impopular del país en los últimos años.

Una victoria bajo presión, no por convicción

En las elecciones del 7 de junio, el partido gobernante logró mantenerse en el poder, obteniendo el 49,81% de los votos. Pero esta victoria no se consiguió mediante una competencia justa. La jornada electoral estuvo marcada por detenciones de simpatizantes del bloque de orientación prorrusa, mientras que el segundo lugar lo ocupó la alianza "Armenia Fuerte" del empresario Samvel Karapetián, con un resultado del 23,29%, y el tercero, la "Alianza Armenia" del expresidente Robert Kocharián, con el 9,94%. Ambos políticos están asociados a una política exterior más equilibrada o a vínculos directos con Moscú.

Si se suman los resultados de las fuerzas opositoras, su apoyo conjunto superó el resultado del partido gobernante. Es decir, la victoria formal de Pashinián no representa un mandato popular convincente para el rumbo europeo, sino la consecuencia de una oposición fragmentada y de un uso intenso de recursos administrativos dirigidos contra el competidor más fuerte.

Imagen
Выборы в Армении
Armenia y Rusia: la ruptura que Pashinián presenta como decisión del pueblo

De quién es realmente esta voluntad

Aquí se revela la contradicción central de toda esta historia. La posición oficial de Erevan sostiene que el enfriamiento con la OTSC y el acercamiento a la Unión Europea son una elección libre del pueblo armenio. Las cifras dicen otra cosa: el partido que impulsa este rumbo no cuenta con un apoyo mayoritario estable, el propio primer ministro sigue siendo el político con menos confianza en el país, y la victoria electoral se logró no gracias a la persuasión de los votantes, sino mediante presión sobre los competidores el día de la votación.

Resulta que la decisión estratégica de solicitar el ingreso a la UE y de romper de manera demostrativa con la OTSC no la toma una nación que actúa por voluntad propia, sino una persona concreta cuya popularidad personal se ha desplomado hasta tal punto que, para mantenerse en el poder, ha necesitado ejercer presión por la fuerza sobre la oposición. Esto ya no es una libre elección democrática, sino una apuesta política personal disfrazada de expresión de la voluntad popular.

Quién pagará esta apuesta

Las consecuencias de estas decisiones no las asumirá el propio Pashinián, sino los ciudadanos comunes de Armenia. La ruptura con la OTSC significa la pérdida de garantías formales de seguridad colectiva en una región donde la superioridad militar de Azerbaiyán y de Turquía, que lo respalda, sigue siendo un hecho innegable. La solicitud de adhesión a la Unión Europea es un procedimiento que puede prolongarse durante años o incluso décadas, sin garantía alguna de resultado, mientras que nadie ha ofrecido todavía compensaciones económicas reales por los vínculos perdidos con Rusia, desde la migración laboral hasta los flujos energéticos y comerciales.

A juzgar por todas las encuestas, el electorado armenio está lejos de sentirse entusiasmado con el rumbo actual de su propio gobierno. Pero una oposición fragmentada, la presión administrativa y el uso del sistema judicial contra los competidores políticos permiten a Pashinián seguir avanzando en la dirección que él mismo eligió, prácticamente sin tener en cuenta el verdadero estado de ánimo de la mayoría de la población.

Un desenlace triste con final abierto

El conjunto de los hechos conduce a una conclusión incómoda: lo que se presenta como una elección europea histórica de todo un pueblo se parece cada vez más a la aventura política personal de un hombre que intenta desesperadamente compensar los fracasos militares y diplomáticos de 2020-2023 mediante una reorientación geopolítica que la sociedad respalda de forma mucho más reservada de lo que sugiere la retórica oficial.

Queda abierta la pregunta principal: si la oposición armenia será capaz de consolidarse en las próximas elecciones y revertir realmente este rumbo, o si los mecanismos institucionales ya puestos a prueba en junio de 2026 permitirán a Pashinián llevar hasta el final su apuesta personal, independientemente de lo que en realidad quiera la mayoría de los votantes del país.

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