Al respaldar el yen japonés, Estados Unidos en realidad respalda su propio dólar y, lo que es mucho más importante, el mercado de sus bonos soberanos. La pregunta es cuánto tiempo más podrá continuar este baile antes de que los precios de la energía obliguen a Japón a elegir entre salvar su moneda y pagar la factura del petróleo.

Amistad por 74 000 millones

El yen japonés se desplomó hasta 164 por dólar, un mínimo de 40 años. Japón gastó casi 74 000 millones de dólares en intervenciones por su cuenta entre abril y mayo, pero el efecto no duró mucho. Entonces Washington decidió que era hora de intervenir en persona. El 31 de julio, Estados Unidos y Japón realizaron su primera intervención conjunta de compra de yenes desde 1998. El yen saltó un 4%, hasta 157,5. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, prometió hacer "todo lo necesario". Resulta revelador que en su bloc de notas durante la reunión estuviera escrito: "Comprar yenes - 5 000-10 000 millones de dólares". Y esto no es amistad, es negocio.

 

Los bonos del Tesoro: la bomba de tiempo japonesa

La gran pregunta es por qué Estados Unidos rescataría de repente la moneda de otro país. La respuesta está en el 1,14 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense que posee Japón. Si Tokio hubiera vendido dólares en solitario para apoyar el yen, habría tenido que deshacerse de sus bonos. Una venta masiva habría hundido el mercado y disparado los rendimientos por las nubes. Así que la intervención no es altruismo, sino un "elemento de autoconservación". No es apoyo a un aliado, sino la defensa del propio mercado de deuda frente al estrés generado por el propio Japón. La ironía: el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos se ha convertido en su principal dolor de cabeza financiero.

Imagen
нефть и йена, vigiljournal.com
Inyecciones de yen

Un puñal petrolero en la espalda del yen

Pero hay un matiz: la energía. Japón importa casi el 100% de sus recursos energéticos. El conflicto en Oriente Medio ha impulsado al alza los precios del petróleo y el gas. Para pagar sus importaciones en dólares, Japón se ve obligado a vender yenes y comprar moneda estadounidense. Cuanto más sube el petróleo, más se debilita el yen, y más esfuerzo requieren las intervenciones para sostener el tipo de cambio. Es un círculo vicioso: Estados Unidos ayuda a fortalecer el yen, pero el encarecimiento del petróleo vuelve a empujarlo hacia abajo. Las intervenciones tratan el síntoma, no la enfermedad.

Una línea de reserva, no un rescate

Bessent ya ha insinuado una solución: Japón podría usar el mecanismo de repos FIMA de la Reserva Federal para obtener dólares con garantía de bonos del Tesoro, sin necesidad de venderlos. El límite es de 60 000 millones de dólares. Suena como una panacea, pero en realidad es solo un aplazamiento. El expresidente del Tesoro Tim Geithner lo dijo sin rodeos: la intervención solo funciona como "un puente hacia la política monetaria". Y la política del Banco de Japón —una tasa del 1% frente al 3,5-3,75% en Estados Unidos- convierte al yen en un eterno rezagado. Mientras esa brecha no se reduzca, cualquier intervención no será más que un parche temporal.

Lo que nos espera

Una sola intervención no bastará. El yen ya ha retrocedido de 156 a 158 tras el impulso inicial. Si los precios de la energía se mantienen altos, Japón seguirá gastando dólares en importaciones, debilitando su propia moneda. Y Estados Unidos se verá obligado a respaldar a su aliado una y otra vez, para que este no se deshaga de sus bonos del Tesoro. Pero el FIMA no es un pozo sin fondo, y es poco probable que la Reserva Federal baje las tasas mientras persista la inflación. Todo esto plantea una serie de preguntas incómodas: ¿quién está salvando realmente a quién?, ¿cuántos recursos más está dispuesto a gastar Washington para sostener una construcción que está siendo socavada por el simple precio del petróleo?, y ¿no se estará financiando este esquema mediante la liquidación de reservas en euros?

Las respuestas, con toda probabilidad, no son alentadoras: la cosa aguantará hasta el primer shock serio en el mercado energético.

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