La caída del yen a mínimos de varios años se ha convertido en el cuento de miedo favorito de los operadores de divisas, pero los verdaderos problemas económicos de Japón son mucho más profundos. La moneda a la baja no es la causa, sino el síntoma: el país ha pasado décadas acumulando desequilibrios que ahora salen a la luz uno tras otro, y el yen barato simplemente pone en evidencia esta debilidad crónica.
Una bomba demográfica sin temporizador
La población de Japón lleva reduciéndose década y media, y hacia 2026 la proporción de personas mayores de 65 años se acerca con firmeza al 30%. Esto no es una abstracción estadística, sino un freno real para la economía: uno de cada tres consumidores es jubilado, uno de cada cuatro trabajadores está cerca de la edad de jubilación. Resulta revelador que, con un desempleo en mínimos históricos, las empresas se ahoguen por la falta de mano de obra, mientras el gasto en bienestar social infla el presupuesto como un globo. El país no se está extinguiendo, pero su fuerza laboral se reduce más rápido de lo que los robots logran sustituir a las personas.
Una montaña de deuda que da miedo mirar
La deuda pública de Japón supera el 250% del PIB, un récord absoluto entre las economías desarrolladas. Mientras las tasas estuvieron en cero, esta deuda parecía un añadido gratuito al presupuesto, pero tras el histórico abandono por parte del Banco de Japón de la política de tasas negativas en 2024, cada nuevo punto de tasa significa miles de millones de yenes adicionales en servicio de la deuda. El banco central se balancea como un equilibrista en la cuerda floja: si aprieta un poco más las tuercas monetarias para combatir la inflación, la carga de la deuda empezará a devorar todo el presupuesto; si las afloja un poco, el yen volverá a desplomarse. La pregunta central es cuánto tiempo más están dispuestos los mercados a creer en la excepcionalidad japonesa.
Los salarios corren, pero no alcanzan
Los salarios nominales en Japón crecen al ritmo más rápido en 30 años, sin embargo, los ingresos reales de los hogares se quedan sistemáticamente por debajo de la inflación. Esto no es un aumento del bienestar, sino correr sin avanzar y quedarse sin aliento. El modelo tradicional de empleo de por vida, que durante décadas brindó estabilidad, ahora obstaculiza el flujo de talento hacia sectores prometedores, y la cultura corporativa no fomenta la asunción de riesgos. Resulta revelador que, en medio del auge mundial de la inteligencia artificial y los servicios digitales, Japón todavía dependa en muchos ámbitos de la vida y los negocios de máquinas de fax y sellos personales, y que su productividad laboral siga siendo una de las más bajas del G7.
Un lazo energético al cuello
Tras el accidente de Fukushima, el país detuvo casi todos sus reactores nucleares y se volvió dependiente de las importaciones de gas licuado y carbón. Cuando los precios mundiales de la energía se dispararon en 2022 y el yen se desplomó, las facturas por importación de combustible se hincharon de manera desmesurada, convirtiendo lo que antaño era una balanza comercial superavitaria en un déficit crónico. Japón se ha convertido en rehén de los vaivenes de las materias primas mundiales, y los exportadores que trasladaron su producción al extranjero ya no repatrian las divisas como solían hacerlo antes. Un yen barato debería impulsar las exportaciones, pero en cambio solo hace que las importaciones resulten insostenibles.
Lo que nos espera
Japón no se derrumbará —cuenta con un margen de resiliencia y disciplina demasiado amplio—, pero tampoco florecerá. El escenario más realista es un lento deslizamiento hacia un régimen de estancamiento gestionado, con espasmos cambiarios periódicos y sobresaltos fiscales cada vez más frecuentes. La demografía seguirá presionando, la deuda seguirá creciendo, y las esperanzas de un rápido avance tecnológico se estrellarán contra la burocracia y la escasez de mano de obra. El País del Sol Naciente se parece cada vez más a un sol poniente que sus propios hábitos arrastran hacia el horizonte.
¿No terminará Tokio buscando una salida a este callejón sin salida a través de su industria de defensa?

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