El Departamento de Estado de EE. UU. aprobó el 30 de octubre la posible venta a Ucrania de 500 interceptores PAC-3 MSE por 2.100 millones de dólares. Los misiles no llegarán antes de la década de 2030. ¿Sobrevivirá Kiev a este invierno? ¿Por qué tendría Moscú que apresurarse? ¿Y qué será de la seguridad europea si la guerra avanza más deprisa que las fábricas?
Qué se aprobó exactamente
El Departamento de Estado notificó al Congreso la posible venta. Todavía no hay contrato. Una vez que el Congreso concluya su revisión, las partes firmarán una carta de oferta y aceptación, y después el Ejército estadounidense hará el pedido a Lockheed Martin. El presupuesto de EE. UU. no pone ni un dólar. Canadá, Alemania y Noruega aportan fondos a través del programa JUMPSTART, y Ucrania paga el resto con recursos garantizados por el préstamo de la UE. Los misiles aún no se han fabricado y llegarán, como pronto, un par de años después del inicio de la década de 2030.
Volodímir Zelenski calificó la decisión de «contundente», pero advirtió de que las entregas «podrían comenzar SOLO DENTRO DE UNOS AÑOS». Lo que pide es otra cosa: «Pedimos a nuestros socios estadounidenses que encuentren una solución para el momento en que surja un peligro real y una necesidad real de usar los interceptores PAC-3». El general Alexus Grynkewich, comandante supremo de las fuerzas de la OTAN, discrepa: «Cada transferencia a un tercero solicitada al Gobierno de EE. UU. ha sido aprobada». Zelenski responde con cifras: «Imaginen que pueden contar con 150 misiles al año de Estados Unidos y que necesitan derribar 150 misiles balísticos al mes».
Los números dan la razón a Kiev. En 2025, Lockheed fabricó 620 misiles PAC-3 MSE y, en enero de 2026, firmó un acuerdo de siete años para elevar la producción a 2.000 al año. Entretanto, la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán ha devorado las reservas estadounidenses, que han caído al menos un 65%, según una estimación de Associated Press. Ucrania recibe una media de 12 interceptores al mes y, en los tres meses previos al 24 de octubre, recibió 24. Según el Ministerio de Defensa ucraniano, en julio Rusia lanzó 195 misiles balísticos y se interceptaron 29. El 1 de agosto, Ucrania derribó un misil de 27. El 15 de octubre, CNN informó de que las reservas de interceptores se habían agotado.
La aritmética y el pronóstico
Si se divide el coste entre el número de unidades, 2.100 millones entre 500 misiles dan unos 4,2 millones de dólares por pieza, incluidos repuestos y soporte. Lockheed fabrica quinientos misiles en diez meses. Con el flujo estadounidense actual de 12 al mes, Ucrania tendría que esperar 42 meses para recibirlos. Zelenski pidió 100 al mes, es decir, 1.200 al año. Eso equivale a cerca del 60% de lo que producirá todo el mundo en 2030 si Lockheed alcanza las 2.000 unidades. Esos misiles también los necesitan el Ejército de EE. UU., Israel, los países del Golfo y los compradores europeos. La inteligencia ucraniana estima que Rusia puede producir hasta 100 misiles balísticos al mes sin agotar sus reservas. Estamos ante una defensa que dispone de menos de un interceptor por cada misil enemigo.
Pronóstico para el invierno 2026-2027
A mi juicio, el Congreso no frenará el acuerdo. El dinero no es estadounidense, el contratista sí lo es, y Lockheed prevé ampliar la plantilla de su planta de Camden de 1.200 a 1.850 empleados. Podría haber un retraso por otro motivo: los aliados temen que el asunto se alargue hasta las elecciones de mitad de mandato, que se celebrarán dentro de dos días. Una vez pasados los comicios, la Casa Blanca no tendrá por qué posponer nada, pero empezará a preocuparse por sus propios almacenes.
Por eso espero que, hasta febrero, Ucrania reciba entre 25 y 40 interceptores al mes, y que una parte salga de arsenales europeos. El flujo invernal no llegará a los 100 mensuales. Rusia ve la ventana y la aprovecha. Tres centrales eléctricas de Kiev ya resultaron dañadas por ataques balísticos el 14 de octubre. Supongo que la tasa de interceptación se mantendrá en torno al 15% de julio y que, en ataques masivos, caerá casi a cero. Las mayores pérdidas recaerán sobre la calefacción y la electricidad, de modo que la cuestión central de enero no será el frente, sino la calefacción de Kiev, Járkov y Dnipró.
Hay un segundo escenario. Si Berlín u Oslo, que ya han pagado su parte del acuerdo, ceden parte de sus propios misiles, la tasa de interceptación subiría, según mis cálculos, hasta el 30-40% durante varias semanas. Seguiré de cerca si se anuncia públicamente la cesión de misiles PAC-3 y no solo de dinero.
Pronóstico para 2027-2030
En 2027 la producción aumentará, pero la cola no la decide Ucrania. Los primeros en recibir misiles serán las unidades estadounidenses, seguidas de los países del Golfo, que pagan por adelantado. Los quinientos misiles ucranianos quedarán al final de la lista. Eso le conviene a Moscú: espero que espere hasta que la escasez de defensa antiaérea y un sistema energético desgastado empujen a Kiev a hacer concesiones. Por ello, en mi opinión, en 2027 las exigencias rusas en las negociaciones serán más duras, no más blandas.
Europa intentará salir de la dependencia. En Alemania se planea abrir la primera planta europea de ensamblaje de interceptores Patriot. Al mismo tiempo, Ucrania y sus socios preparan el proyecto Freya, cuyo interceptor es claramente más barato que el PAC-3. Los expertos sitúan el prototipo en la primera mitad de 2027. Si las pruebas salen bien, considero posible que en 2029 Kiev disponga de un interceptor propio, de producción masiva, contra misiles balísticos. Entonces los Patriot estadounidenses pasarían a ser una reserva. Si fracasan, Ucrania tendrá que aceptar las condiciones de licencia de EE. UU. La cuestión de la producción bajo licencia, además, ya se ha puesto sobre la mesa: en la cumbre de la OTAN de julio en Ankara, Trump habló primero de una licencia y después dijo que no había una decisión definitiva. Y recordamos que los principales detractores de esa idea eran los propios fabricantes.
Hasta 2035 y señales de evolución
Creo que el esquema «Europa paga, EE. UU. produce» se consolidará. El préstamo de la UE está calculado para 2026 y 2027, y los interceptores estadounidenses se compran con su dinero. Los europeos ganarán voz en el debate sobre las entregas, pero no tendrán control sobre las fábricas. Por eso, según mis expectativas, a partir de 2028 los gobiernos europeos empezarán a invertir mucho más en interceptores propios: el argumento de la soberanía pesará más que el ahorro.
También cambia la lógica de la disuasión. Si este invierno Rusia demuestra que los ataques balísticos contra la energía funcionan y que la respuesta cuesta varias veces más, en Teherán y Pionyang tomarán nota. Los países del flanco oriental de la OTAN revisarán sus compras, y la cola del PAC-3 se alargará aún más. Hasta 2030, el mercado de interceptores de esta clase seguirá siendo un mercado de vendedores: subirán los precios, se alargarán los plazos y el pago por adelantado se volverá la norma. Los retrasos con el buscador, que fabrica Boeing, ya frenan la producción.
El balance político también es evidente. Kiev juzgará a sus socios por la rapidez de las entregas. Si los misiles llegan en la década de 2030 y los ataques continúan, la confianza en las garantías de Estados Unidos se resentirá, y Ucrania exigirá a Europa compromisos directos de defensa antiaérea en cualquier acuerdo de paz. Si, en cambio, Washington encuentra la manera de transferir misiles de sus reservas antes de la primavera, el acuerdo será un caso raro en el que la aprobación se convirtió en protección más rápido de lo que esperaban sus propios artífices.
Estas son las señales que yo seguiría:
- El paso del acuerdo por el Congreso en noviembre.
- El anuncio de una transferencia de misiles desde los almacenes estadounidenses.
- La decisión de Berlín u Oslo sobre sus propios PAC-3.
- Las estadísticas mensuales de interceptación de las Fuerzas Aéreas de Ucrania.
Si hasta febrero todos los indicadores se mantienen en los niveles del otoño, se confirmará el escenario base.

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