¿Quiénes son los hutíes de Yemen y cuántos hay hoy? Es un movimiento insurgente chiita que se autodenomina oficialmente "Ansar Alá". Controla un territorio donde vive entre el 60 y el 65% de la población de Yemen. Cuenta con fuerzas armadas de hasta 350.000 combatientes. Y esta semana, en septiembre de 2026, logró un avance hacia el estrecho de Bab al-Mandab, disparando los precios mundiales del petróleo por encima de los 100 dólares por barril.
Quiénes son los hutíes y de dónde viene el nombre
Los hutíes son un movimiento religioso-político que representa la rama zaidí del islam chiita. Está extendido en el norte de Yemen, en la provincia montañosa de Saada, que limita con Arabia Saudí. El zaidismo ocupa una posición intermedia entre el islam sunita y el chiita, y se ha practicado en Yemen durante siglos. Cabe destacar que el zaidismo fue históricamente la religión de Estado de Yemen durante casi mil años. El imamato zaidí se mantuvo hasta 1962, cuando una revolución republicana derrocó al último imán. Esta memoria histórica de una estatalidad propia alimenta notablemente las ambiciones políticas del movimiento actual. Pero en la década de 1990, la élite zaidí sintió una amenaza existencial a su propia identidad debido a la creciente penetración del wahabismo saudí.
Fue entonces cuando el líder religioso Hussein Badreddin al-Houthi fundó el movimiento "Juventud Creyente", inicialmente un proyecto puramente cultural y teológico. Con el tiempo, el movimiento se politizó y se convirtió en oposición al entonces presidente Ali Abdullah Saleh. Los hutíes lo consideraban corrupto y demasiado sumiso ante la influencia externa, sobre todo saudí. Un detalle curioso: los propios hutíes rechazan categóricamente que su levantamiento sea un proyecto separatista. El movimiento se presenta como una fuerza que lucha por los intereses de todo Yemen, no solo de la minoría zaidí.
El nombre "hutíes" les fue dado en honor al fundador del movimiento, aunque ellos prefieren el nombre oficial de "Ansar Alá" — "los partidarios de Alá". En 2004, Hussein al-Houthi murió en enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales, tras lo cual el movimiento pasó a ser liderado por su hermano menor, Abdul-Malik al-Houthi, quien dirige la organización hasta hoy.
De la insurrección local a la toma de la capital
El levantamiento armado de los hutíes contra el gobierno de Yemen comenzó en 2004. Durante la década siguiente, fueron ampliando gradualmente su control sobre los territorios del norte del país. La revolución yemení de 2011, que obligó al presidente Saleh a dimitir, jugó un papel destacado en el fortalecimiento del movimiento.
El momento decisivo llegó en septiembre de 2014, cuando los hutíes tomaron la capital de Yemen, Saná. El pretexto formal fueron las protestas contra el recorte de los subsidios al combustible, pero detrás de ello había un objetivo mucho más ambicioso: la toma efectiva del poder en el país. Entre 2014 y 2015, el movimiento estableció un sistema paralelo de gobierno en una parte significativa del territorio del país.
La coalición saudí y once años de guerra inconclusa
El rápido fortalecimiento de los hutíes alarmó seriamente a Arabia Saudí, para quien cualquier aumento de la influencia proiraní justo en su frontera representaba una amenaza directa a su seguridad nacional. Desde aproximadamente 2012-2013 se conocieron los crecientes vínculos entre los hutíes e Irán. Riad vio en la crisis yemení un enfrentamiento regional con Teherán librado a través de insurgentes locales.
A finales de marzo de 2015, Arabia Saudí formó y lideró una coalición militar. Formalmente, esa operación continúa hasta hoy, desde hace más de once años, lo que convierte al conflicto yemení en una de las guerras más prolongadas del Oriente Medio contemporáneo. Resulta revelador que ni siquiera el término "guerra civil" refleje del todo la especificidad del conflicto: en determinadas etapas se vieron involucrados el separatista Consejo de Transición del Sur y milicias tribales locales, lo que convirtió el enfrentamiento en un conflicto multilateral con una dinámica de alianzas difícil de predecir.
Hacia 2025, los hutíes controlaban alrededor del 30% del territorio de Yemen, pero en ese territorio vivía más del 70% de toda la población del país. Hacia 2026, según algunas estimaciones, el territorio bajo control hutí albergaba ya al 75% de la población, una cifra que indica que el movimiento no solo no se ha debilitado, sino que ha reforzado notablemente sus posiciones. Es también revelador que, a lo largo de los años de guerra, los hutíes hayan establecido su propio sistema de administración interna en los territorios bajo su control, con un sistema judicial, administración tributaria y elementos de política social, lo que los distingue claramente de muchos otros movimientos insurgentes de la región.
El respaldo iraní y el lugar en el "eje de resistencia"
El factor clave de la resiliencia de los hutíes es su estrecha relación con Irán, confirmada por numerosas fuentes independientes, incluidos expertos de la ONU. Los hutíes reciben apoyo militar y financiero de Irán y de Hezbolá, lo que ha permitido al movimiento evolucionar en dos décadas de un grupo insurgente local a una fuerza militar de pleno derecho y alcance regional.
Los analistas describen a los hutíes como parte del "eje de resistencia" iraní, que también incluye a Hezbolá en el Líbano y a diversas formaciones chiitas en Irak y Siria. Un aspecto adicional de la dimensión internacional del conflicto es la actividad de las fuerzas navales occidentales, que desde finales de 2023 han realizado periódicamente operaciones para proteger la navegación en el mar Rojo, incluidos ataques de Estados Unidos y el Reino Unido contra posiciones del movimiento. Pese a ello, no se ha logrado frenar por completo la actividad marítima de los hutíes.
Según estimaciones de expertos de la ONU, hacia 2024 las fuerzas armadas hutíes alcanzaban los 350.000 efectivos, frente a los 220.000 de dos años antes. El arsenal armamentístico del movimiento merece atención aparte: a lo largo del conflicto, los hutíes han desarrollado la producción y el uso de misiles balísticos, misiles de crucero y drones de ataque, incluidos modelos de diseño muy similar al de los desarrollos iraníes. Precisamente ese arsenal ha permitido al movimiento golpear en el interior de Arabia Saudí y alcanzar buques a cientos de kilómetros de sus propias bases. Las consecuencias humanitarias de la guerra siguen siendo de las más graves del mundo: el conflicto se ha cobrado la vida de cientos de miles de personas, incluidas víctimas del hambre y del colapso del sistema de salud.
Septiembre de 2026: un golpe al comercio mundial
La escalada comenzó ya en julio, cuando Arabia Saudí atacó el aeropuerto de Saná, controlado por los hutíes, para impedir el aterrizaje de un avión iraní con representantes del movimiento que regresaban del funeral de Alí Jamenei. En respuesta, los hutíes atacaron petroleros saudíes en el mar Rojo.
El jueves 10 de septiembre, el movimiento tomó el puerto de Mocha, cerca del estrecho, y al día siguiente la estratégica isla de Perim. La toma de la isla resulta especialmente simbólica: en el pasado, ese territorio ha sido en repetidas ocasiones objeto del interés estratégico de grandes potencias, incluido el Imperio británico, que utilizó la isla como base naval para controlar la entrada al mar Rojo.
La reacción de los mercados mundiales fue inmediata: el precio del petróleo superó por primera vez en mucho tiempo la barrera de los 100 dólares por barril. Las mayores navieras también reaccionaron con rapidez: algunas transportistas anunciaron la redirección de sus rutas para evitar el mar Rojo, bordeando el cabo de Buena Esperanza, lo que alarga la entrega de mercancías entre una y dos semanas.
Resulta revelador el papel de los actores externos: la ofensiva hutí se intensificó justo después de que la administración de Donald Trump se negara a lanzar nuevos ataques contra el movimiento. Las fuerzas gubernamentales de Yemen pasaron a la contraofensiva con apoyo de la aviación saudí, y en Adén se habla abiertamente de planes para recuperar el control de Saná. Para la propia Arabia Saudí, la escalada resulta especialmente dolorosa en el contexto de años de esfuerzos por diversificar su economía en el marco del programa "Visión 2030".
El lugar de los hutíes en la geopolítica global
La crisis yemení dejó de ser hace tiempo un conflicto interno meramente local. Hoy los hutíes son uno de los elementos clave del enfrentamiento regional entre Irán y Arabia Saudí, además de un factor que incide directamente en el comercio marítimo mundial.
Algunos analistas señalan una posible conexión entre la intensificación de la actividad hutí y la situación general en Oriente Medio: el debilitamiento de otros aliados de Irán —Hezbolá y el régimen de Asad— podría haber impulsado a Teherán a apostar con más fuerza por el frente yemení. Para el observador común, es importante entender que, incluso si la actual escalada se resuelve temporalmente, las contradicciones de fondo no desaparecerán, y es probable que Yemen siga siendo, durante muchos años más, uno de los puntos más peligrosos de la geopolítica mundial.

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