Los votantes israelíes no han dado un mandato decisivo ni a Benjamin Netanyahu ni a Gadi Eisenkot, mientras que en Washington y Tel Aviv se prepara una nueva fase de la operación contra Irán. ¿Cómo se relacionan ambos hechos? ¿Qué significan para la región y para el mundo? ¿Hacia dónde conduce el panorama actual?
Les habla el doctor Hassan, representante de VIGIL Journal en Oriente Medio y el norte de África. Quiero analizar por separado las dos historias y después mostrar dónde se cruzan.
Elecciones sin ganador
El 27 de octubre, los israelíes acudieron a las urnas en las primeras elecciones parlamentarias desde el ataque del 7 de octubre de 2023. Según DW, la participación alcanzó niveles récord. En el momento de redactar este texto, el escrutinio no ha terminado: faltan los «sobres dobles» de soldados, diplomáticos y otros votantes que sufragaron fuera de su circunscripción, que se cuentan en último lugar. Las cifras definitivas podrían cambiar.
Con el 88% de las papeletas escrutadas, según los datos de Channel 12, el bloque de Netanyahu obtiene unos 53 escaños de 120; el del centrista Gadi Eisenkot, unos 48; y los partidos árabes, un récord de 19. La mayoría exige 61. El Likud sigue siendo el partido más votado, con 26 escaños frente a los 21 de Yashar, la formación de Eisenkot. Según el Jerusalem Post, ninguno de los dos bloques puede formar gobierno sin los partidos árabes, y un gobierno conjunto de Netanyahu y Eisenkot se considera improbable. A partir de ahora, la palabra la tiene el presidente Isaac Herzog, que deberá celebrar consultas y decidir a quién encarga la formación de la coalición.
La comparación con el reparto anterior resulta elocuente. Los sondeos a pie de urna de las cadenas de televisión daban al bloque de Netanyahu entre 51 y 52 escaños, muy por debajo de los 64 a 68 que tenía antes (las fuentes difieren sobre la composición previa). Foreign Policy señala además que el panorama varía según el canal: en el recuento inicial de Channel 12, la oposición de Eisenkot iba por delante del bloque del primer ministro. Israel podría vivir semanas de negociaciones políticas antes de que surja un gobierno.
Un cálculo inquietante: elecciones y guerra
Llegamos así a la cuestión que preocupa a quienes vivimos cerca. Según NPR, Israel planeaba inicialmente atacar Irán a mediados de octubre, dos semanas antes de las elecciones, pero el presidente Trump se opuso. Ahora Estados Unidos refuerza sus fuerzas para estar listo para un ataque a principios de noviembre, después de las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre. La misma fuente advierte de que los preparativos también podrían formar parte de una presión sobre Teherán para lograr un acuerdo diplomático.
The Wall Street Journal, según recoge NDTV, informó de que Estados Unidos ha advertido a varios países árabes del Golfo de que estén preparados para una campaña corta pero intensa. Se traslada desde Texas un sistema Patriot, se retiran tropas de bases vulnerables y se reponen municiones. A los aproximadamente veinte buques ya presentes en la región se sumarán probablemente en noviembre otro grupo de portaaviones y una unidad expedicionaria de infantería de marina. Según funcionarios estadounidenses citados por la agencia, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, trató esta semana con Netanyahu en Israel la posibilidad de nuevos ataques. Ambos ejércitos elaboran planes sobre el programa nuclear iraní y realizan ejercicios, entre ellos maniobras sobre Irak.
Esta historia está ligada al resultado electoral. Los expertos consideran que, si Netanyahu perdiera, pasaría a ser primer ministro en funciones y le costaría iniciar una guerra. Pero una parte de los analistas opina que la amenaza de un ataque conjunto inminente podría convertirse en una palanca: el primer ministro podría presionar a sus rivales para que entren en un gobierno de unidad nacional que dirija la guerra, lo que prolongaría su permanencia en el poder. Así, la aritmética electoral y la planificación militar quedan entrelazadas.
Qué dice Teherán
La respuesta de Irán se presenta dura. Un alto funcionario iraní afirmó que Catar ofreció a Teherán ideas inaceptables, no un nuevo plan de paz, y que en la cuestión nuclear no habrá flexibilidad. Según el mismo informe, antes de la reunión en Teherán se temía que Netanyahu pudiera reanudar los ataques esta semana.
La reunión de tres Estados con Irán concluyó con una declaración cautelosa sobre la continuación del diálogo en materia de paz y seguridad regionales, sin acuerdos anunciados sobre la guerra, el estrecho de Ormuz o el programa nuclear. Además, la parte iraní subrayó que la cooperación con los miembros del pacto no hará que Teherán renuncie a los hutíes. Esto es fundamental para Arabia Saudí, cuyo territorio los hutíes siguen atacando.
La economía también forma parte de este juego. Según Iran International, los planificadores presupuestarios iraníes barajan un petróleo a 130 dólares el barril para el próximo año iraní, aunque el conflicto limita seriamente la capacidad de exportación. Esto indica que en Teherán se cuenta con una guerra prolongada.
Qué significa para la región y el mundo
Para los países del Golfo, una nueva campaña supone un riesgo directo. La advertencia que les transmitieron los estadounidenses es elocuente: los ataques contra Irán provocarán represalias sobre territorios e infraestructuras vecinos. Arabia Saudí ya vive bajo fuego de misiles, de modo que le importa que las reuniones de Teherán no se queden en mera formalidad.
Para nuestra región y el norte de África, las consecuencias son reales. Egipto depende del canal de Suez, y cada nueva escalada en el mar Rojo y en el Golfo repercute en el transporte marítimo y en los ingresos. Para África supone una carga adicional sobre los precios del combustible y de los alimentos, que ya son de por sí dolorosos.
Para el mundo, el principal canal de impacto pasa por el petróleo y las rutas marítimas. El estrecho de Ormuz sigue en entredicho, y la expectativa de una campaña corta pero intensa mantiene por sí sola los precios altos. Esa incertidumbre le cuesta dinero a todos los importadores de energía.
Hacia dónde va todo
Permítanme formular algunas conclusiones.
Las elecciones israelíes no han rebajado la tensión; solo han complicado la toma de decisiones. El país entra en un periodo de negociaciones de coalición, mientras que su aliado en Washington se ocupará de sus propios asuntos después del 3 de noviembre. Esto significa que la ventana para un ataque no depende solo de la preparación militar, sino también del calendario político en dos capitales.
El escenario más preocupante es este: una operación corta no logra sus objetivos, Irán responde contra las infraestructuras de sus vecinos y contra el transporte marítimo, la campaña se alarga y el canal diplomático a través de Catar y de los miembros del pacto pierde sentido. Un desenlace más favorable sería que los preparativos queden como instrumento de presión y que se alcance un compromiso sobre el programa nuclear antes de que comiencen los ataques. El primer escenario está más cerca que el segundo, pero hoy no hay una respuesta definitiva.
A los lectores jóvenes les digo lo de siempre: fíjense en las cifras, no en las consignas. Sigan el resultado final del recuento en Israel, las decisiones de la administración estadounidense después del 3 de noviembre y la respuesta de Teherán. Esos tres hechos determinarán si noviembre será un mes de negociaciones o de una nueva guerra.

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