Alexánder Shojín se ha enfrentado abiertamente, por primera vez en mucho tiempo, al rumbo de endurecimiento de la administración fiscal, y lo ha hecho no como un cabildero cualquiera, sino como alguien que percibe claramente que su peso institucional le permite hablar más alto de lo habitual.
Las cifras detrás del nerviosismo
El pretexto formal de la crítica es el problema de la aplicación simultánea de varios regímenes de inversión preferenciales, que ha hecho que las multas de algunas empresas sean comparables a sus ingresos anuales. En el primer trimestre de 2026, el Servicio Federal de Impuestos (FNS) recaudó de las empresas 9,4 mil millones de rublos, ocho veces más que en el mismo período del año anterior, mientras que el número de inspecciones sobre el terreno se triplicó. Esta dinámica no encaja con el discurso de una administración "puntual": se trata de un endurecimiento sistémico que coincidió en el tiempo con el nombramiento de Shojín como defensor empresarial a finales de mayo de 2026.
Resulta revelador que, apenas semanas antes, el propio Shojín había elogiado públicamente al FNS y a su director, Daniil Yegórov, por la eficacia en la lucha contra la fragmentación empresarial, mientras pedía que no se redujera el umbral de exención del IVA de 20 millones de rublos. Es decir, a principios de junio el discurso todavía era conciliador: "formemos una actitud amistosa hacia el empresario". Poco después, ese mismo tema se transformó en una crítica directa y dirigida contra la agencia. Un giro de tono tan brusco en pocas semanas responde o bien a una reacción ante nuevas cifras alarmantes de multas, o bien a una demostración calculada de fuerza por parte de alguien que acaba de asumir un nuevo cargo y claramente pretende utilizarlo.
Una institución con dientes más afilados
El contexto del propio nombramiento resulta clave aquí. El cargo de defensor empresarial estuvo vacante desde el 22 de junio de 2022. Durante casi cuatro años, el Estado prescindió de un defensor formal de los empresarios. Shojín no llegó al puesto con las manos vacías: él mismo propuso reformar la institución, sustituyendo el aparato estatal por una organización no gubernamental autónoma con financiamiento directo a través de la Dirección de Administración de Bienes de la Presidencia, en lugar de la Cámara Cívica. Putin respaldó estas propuestas. El resultado es un caso poco frecuente: un candidato que reescribe él mismo las reglas del juego para su futuro cargo, lo cual ya revela el nivel de confianza que se le otorgó de antemano.
Segundo golpe consecutivo: ya no es casualidad
El ataque contra el FNS no es un episodio aislado, sino la segunda queja pública en poco tiempo: anteriormente, Shojín había criticado con la misma franqueza la política industrial, afectando los intereses del ministro de Industria y Comercio, Antón Alijánov. Dos golpes dirigidos contra dos organismos federales distintos y consecutivos ya no responden a una emoción espontánea, sino a una estrategia deliberada para sondear los límites de su propia influencia. Antes, este tipo de discurso por parte del presidente de la RSPP (Unión Rusa de Industriales y Empresarios) sonaba más suave y ambiguo; ahora Shojín está probando claramente hasta dónde puede llegar sin convertir la crítica en una guerra abierta entre grupos de la élite.
¿Ambición o desesperación empresarial?
Aquí reside la pregunta central: ¿estamos ante el fortalecimiento de la posición institucional personal de Shojín, o ante un grito de desesperación de un sector empresarial que realmente ya no tiene con qué pagar multas comparables a sus ingresos anuales? Lo más probable es que ambas cosas sean ciertas a la vez, y esa es la combinación más incómoda posible para el grupo Mishustin-Yegórov. Un aumento ocho veces mayor en la recaudación y un incremento triple en las inspecciones durante un solo trimestre no son estadísticas abstractas para un informe, sino empresas concretas al borde de la quiebra debido al conflicto entre varios regímenes preferenciales que el propio Estado diseñó y luego no logró armonizar entre sí.
En esta situación, Shojín se encuentra en una posición cómoda: no critica una "política fiscal estatal" abstracta, sino una distorsión concreta en la aplicación de la ley que realmente está ahogando a las empresas, y frente a este panorama se presenta como defensor y no como perturbador del sistema. Pero mientras esto siga siendo solo retórica sin consecuencias visibles para el rumbo del FNS, las palabras del presidente de la RSPP funcionan más como una demostración de influencia creciente que como un freno real a la maquinaria fiscal. La verdadera prueba del peso del nuevo defensor no llegará cuando pronuncie otra frase contundente, sino cuando una decisión concreta del FNS sobre una empresa concreta se revierta precisamente gracias a su intervención. Hasta ese momento, esto sigue siendo un juego de ambiciones sobre el trasfondo de un sector empresarial atrapado entre varios niveles de poder que evidentemente no se han puesto de acuerdo sobre las reglas.

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