El 20 de octubre, la Comisión Europea y la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, presentaron la estrategia «El vecindario norte de Europa». La seguridad encabeza sus cuatro prioridades. ¿Cuánto ha cambiado el equilibrio de fuerzas? ¿Son realistas las ambiciones de Bruselas? ¿Y cómo puede responder Moscú? Hemos reunido los hechos y las opiniones de dos expertos rusos.
Qué dice el documento
La estrategia, registrada como JOIN(2026) 100, establece cuatro prioridades: seguridad y resiliencia, respuesta al cambio climático, prosperidad y oportunidades para las personas y comunidades del Ártico. Así se desprende de la descripción de la Comisión Europea. El texto sustituye al documento anterior, de 2021. Kallas lo presentó en Estrasburgo y resumió su tesis central en una frase: la seguridad del Ártico es la seguridad de Europa.
Las medidas concretas son las siguientes. La Unión Europea prevé crear un Centro Ártico de Cables para la vigilancia, la protección y la reparación de los cables submarinos en el Atlántico Norte y el Ártico. Será el primer paso hacia un Centro de Seguridad Marítima más amplio, que rastreará buques sospechosos, pesca ilegal y contaminación. La información se recopilará «desde el fondo marino hasta el espacio». A continuación figura la vigilancia por satélite: el sistema Copernicus se amplía y Galileo recibe nuevas funciones. Otro punto se refiere a los rompehielos: la UE estudiará fórmulas de compra conjunta y de puesta en común de capacidades. Aparte, se prevén el acceso a buques de los Estados miembros, incluidos los de propulsión nuclear, y la modernización de puertos, aeródromos y corredores para el transporte civil y militar. Para Groenlandia se propone un cable directo con Europa, que sería el primer tramo de un futuro cable panártico hasta Japón y Corea del Sur a través de Canadá.
El documento incluye además formulaciones políticas. Kallas menciona entre las amenazas los vuelos de drones, las interferencias de GPS y los sabotajes de cables submarinos. Medios europeos señalan que Bruselas ha abandonado su anterior llamamiento a prohibir internacionalmente la extracción de combustibles fósiles en el Ártico. Según la prensa rusa, en vísperas de la publicación Kallas declaró en una entrevista con The Times que la UE se propone disputar el control ruso de la Ruta del Mar del Norte.
De la ecología a la seguridad
El politólogo Mijaíl Dmítriev, observador de larga duración de la OSCE/OIDDH, califica la estrategia de punto de inflexión: «La estrategia ártica actualizada de la UE supone un cambio cualitativo en la política europea hacia el Norte. En el documento de 2021 la seguridad ya estaba presente, pero seguía siendo parte de una agenda climática y económica más amplia. En la estrategia de 2026 se convierte en el eje que lo articula todo: se habla de movilidad militar, protección de infraestructuras críticas, vigilancia por satélite, ampliación de la capacidad de rompehielos y coordinación con la OTAN».
Dmítriev va más lejos y describe la envergadura del proyecto: «Es significativo que el documento contemple expresamente el traslado de tropas a gran escala a través del Ártico y el desarrollo de puertos, aeródromos y corredores de transporte de doble uso. Por tanto, el paso de una política predominantemente "blanda" a elementos de política de poder es evidente».
Yevgueni Sumarokov, candidato a doctor en Ciencias Económicas y profesor titular del Departamento de Negocios Internacionales de la Universidad Financiera adscrita al Gobierno de la Federación de Rusia, ve en ello el reflejo de una nueva realidad: «La UE reconoce que el Ártico desempeña un papel importante en el comercio, las comunicaciones y la defensa, y que ya no está aislado de la tensión geopolítica mundial. Por eso la estrategia ártica actualizada refleja esa nueva realidad al situar la seguridad en primer plano». En su opinión, «ya se han anunciado planes para ampliar la capacidad de rompehielos de Europa y aumentar la movilidad de las fuerzas militares mediante puertos, aeropuertos y corredores de transporte árticos, de modo que las tropas y el equipo puedan llegar más rápido adonde se necesiten».
Sumarokov recuerda también la dimensión institucional: «Formalmente, solo tres Estados de la UE (Dinamarca, Finlandia y Suecia) son países árticos, pero eso convierte la seguridad en el Ártico en parte de la seguridad europea». Subraya asimismo que «el Ártico está bajo la vigilancia de la OTAN, y todos estos esfuerzos complementan el papel de la Alianza Atlántica en la defensa colectiva».
Rompehielos y centros: la brecha
La debilidad más evidente del plan tiene que ver con la flota. El Centro Carnegie, en su análisis de la Ruta del Mar del Norte, señala que la escolta de los buques corre a cargo de una flota de rompehielos de unas cuarenta y cinco unidades, ocho de ellas nucleares, la mayor del mundo en su género. Los permisos de tránsito los expide la Administración de la Ruta del Mar del Norte, que opera bajo el paraguas de Rosatom. Vladímir Panov, director de la Dirección Ártica de Rosatom, informó el 27 de octubre de que el tráfico de tránsito superará este año los 7 millones de toneladas y de que el flujo total de carga rebasará por primera vez los 40 millones.
Dmítriev señala esa brecha: «Rusia dispone de ocho rompehielos nucleares operativos y sigue siendo el único país con una flota así. Los Estados europeos cuentan con una sólida base de construcción naval, pero crear capacidades comparables para latitudes altas exigirá años y una inversión considerable. La propia estrategia de la UE no fija ni el número de nuevos rompehielos ni los plazos de su construcción: por ahora se habla de compras conjuntas, de puesta en común de capacidades y de acceso a rompehielos con plantas propulsoras de gran autonomía, incluidas las nucleares. Por ello, a medio plazo la ventaja rusa se mantendrá».
Otras medidas, a su juicio, parecen más factibles: «Los planes de la UE en materia de vigilancia y protección de infraestructuras son mucho más realistas. Copernicus y Galileo ya ofrecen a Bruselas una base tecnológica seria. El Maritime Security Hub y el Arctic Cable Hub deben integrar los datos sobre navegación, infraestructura submarina y posibles incidentes. Un sistema así puede estar listo bastante antes que una nueva flota de rompehielos pesados».
Amenaza o pretexto: disputa sobre los hechos
La divergencia entre las partes se aprecia mejor en la cuestión de la «amenaza rusa». Kallas habla de una creciente presencia militar de Rusia en el Extremo Norte. Dmítriev propone separar los hechos de su lectura política: «Conviene distinguir en el argumento de la "amenaza rusa" entre los hechos y su interpretación política. Rusia ha modernizado, en efecto, su infraestructura militar en el Ártico, y la península de Kola tiene una importancia crítica para las fuerzas estratégicas de la Flota del Norte. Existen riesgos objetivos vinculados al aumento del tráfico marítimo, la "flota en la sombra" utilizada para eludir las sanciones, los ciberataques y la vulnerabilidad de los cables submarinos. Pero hay una diferencia fundamental entre la existencia de un riesgo y la responsabilidad probada en un acto concreto de sabotaje. No todo incidente con un cable tiene una atribución rusa establecida. Por eso Bruselas responde a cambios reales en el entorno de seguridad y, al mismo tiempo, construye una justificación política para ampliar su propia presencia».
Sumarokov añade una pregunta formulada a Kallas durante la presentación: si Europa podría crear en Groenlandia sus propias bases de observación, dado que los aliados estadounidenses se han mostrado poco fiables últimamente. La respuesta fue: «Estamos abiertos a cooperar con todos los países que compartan nuestros puntos de vista y valores, y por eso trabajamos junto con Canadá, Noruega, Islandia y también con Estados Unidos, si así lo desean».
El Consejo Ártico y la respuesta de Moscú
Sumarokov considera que la estrategia compensa en parte un mecanismo de cooperación dañado: «En parte, la nueva estrategia busca compensar el funcionamiento deteriorado del Consejo Ártico». Recuerda que en 2022, cuando Rusia ejercía la presidencia, los otros siete miembros suspendieron su participación y el trabajo prosiguió solo en algunos proyectos. Su conclusión: «El Consejo no puede seguir funcionando sin Rusia. Rusia es un actor clave en el Ártico, y su exclusión socavará la eficacia de numerosos proyectos y, probablemente, conducirá a la disolución definitiva del Consejo». Y añade: «No parece posible sustituir al Consejo Ártico».
Dmítriev describe con cautela la respuesta de Moscú: «A mi juicio, la respuesta rusa no debe limitarse a un aumento mecánico del contingente militar. Es necesario proteger las bases de la Flota del Norte, la defensa antiaérea, la Ruta del Mar del Norte, los puertos, las comunicaciones y las infraestructuras críticas. Pero no menos importante es el desarrollo de la flota de rompehielos y de transporte, de la observación por satélite, del sistema de búsqueda y rescate y de la logística. Paralelamente, a Rusia le conviene mantener los canales de cooperación ártica internacional. Convertir el Ártico en un escenario permanente de confrontación político-militar no responde a los intereses ni de Moscú ni de los Estados europeos».
El experto destaca a China como un factor aparte: «China es un factor distinto. No es un Estado ártico, pero desde 2013 tiene estatus de observador en el Consejo Ártico y amplía su presencia científica, de transporte y económica. La cooperación entre Rusia y China intensifica objetivamente la preocupación de la UE y la OTAN, pero equiparar el papel de Rusia con el de China sería erróneo. Para Rusia, el Ártico es territorio propio, una ruta de transporte clave y una zona de despliegue de fuerzas estratégicas. Para China, es ante todo un espacio de interés económico, logístico y tecnológico a largo plazo».
Dmítriev resume así su valoración: «El principal efecto de la nueva estrategia de la UE no debe buscarse en un cambio inmediato del equilibrio militar. Crea una base institucional para un aumento sostenido de la presencia europea en el Ártico. Eso, con el tiempo, puede cambiar el carácter de la región: de un espacio de competencia limitada y cooperación práctica a un nuevo frente de confrontación entre Rusia y Occidente».

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