La deuda corporativa no es veneno, pero tampoco es una panacea. Todo depende de la dosis.
La deuda corporativa es como el café para un oficinista: en dosis moderadas, estimula y aumenta la productividad; en dosis excesivas, convierte la vida en un thriller con taquicardia y riesgo de infarto. La tesis clave que atraviesa toda la historia de las finanzas corporativas es la siguiente: la deuda es una herramienta críticamente importante para el desarrollo, pero su acumulación descontrolada es el camino directo hacia la inestabilidad financiera y la pérdida de control sobre el propio futuro.

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