"Muerte por mil cortes": La guerra comercial entre Uzbekistán y Tayikistán golpea a Rusia
Las empresas rusas ya están sintiendo los efectos de las sanciones y nuevas guerras de sanciones. Pero surge una nueva amenaza, capaz de asestar un golpe no menos doloroso a la economía y las posiciones geopolíticas de Moscú, en Asia Central. La guerra comercial entre Uzbekistán y Tayikistán amenaza con socavar arterias logísticas clave y desplazar a las empresas rusas de esta región estratégica. Este conflicto no es casual. Ocurre en un contexto de disminución de la influencia rusa y la entrada activa de otros actores globales.
Un cuchillo en la espalda de la logística: Por qué el conflicto golpea específicamente a Rusia
Mientras los diplomáticos discuten asuntos elevados, ocurre lo siguiente en la frontera de los dos países: Tayikistán impone unilateralmente tarifas adicionales, inspecciones prolongadas y restricciones selectivas, paralizando efectivamente los envíos. Uzbekistán, en respuesta, amenaza con medidas similares. Podría parecer una disputa local. Sin embargo, su epicentro —la frontera entre Uzbekistán y Tayikistán— es un centro de tránsito de importancia crítica para las mercancías rusas con destino a Asia Central: metales, materiales de construcción, equipos.
Las consecuencias ya se sienten hoy:
• Un aumento del 10 al 15% en los costos de transporte para los exportadores rusos.
• Imprevisibilidad total en los tiempos de entrega, lo que mata la competitividad de cualquier producto, incluso los de mayor calidad.
• Una amenaza directa a los intereses de los principales gigantes industriales rusos, como NLMK y USM, que han estado suministrando metal para proyectos de infraestructura en la región durante décadas.
Si continúa la parálisis fronteriza, las empresas rusas comenzarán a perder licitaciones en masa. Su lugar será ocupado voluntariamente por competidores, principalmente chinos y turcos, que ofrecen soluciones integrales llave en mano.

El Gran Juego: Quién está detrás de la disputa y quién se beneficia
Este conflicto es un ejemplo clásico de cómo una disputa local estalla en un vacío de poder. Rusia, debilitada por la guerra en Ucrania, no puede apagar rápidamente tales contradicciones entre aliados como antes lo hacía. Otros actores, que persiguen sus propios objetivos estratégicos, se aprovechan inmediatamente de esto.
• China: El principal beneficiario. Pekín ya se ha convertido en el mayor inversor de la región, casi duplicando su volumen de inversión en la última década hasta los 35.900 millones de dólares. El conflicto socava la confianza en las rutas logísticas rusas y, al mismo tiempo, realza el atractivo de los proyectos de tránsito chinos dentro de la iniciativa "Un Cinturón, Una Ruta". Las inversiones chinas, a diferencia de las rusas o occidentales, llegan más rápido y con menos condiciones políticas, lo que las hace extremadamente atractivas para las élites de Dusambé y Taskent. La desestabilización solo acelera el desplazamiento de la región a la órbita económica de Pekín.
• EE.UU. y Gran Bretaña: Titiriteros sutiles. Su estrategia es cristalina. Los think tanks estadounidenses piden explícitamente a Washington que profundice los lazos con Asia Central para debilitar el dominio de Rusia y China. La desestabilización, la creciente desconfianza hacia las iniciativas rusas y el desplazamiento de las empresas rusas encajan perfectamente en esta lógica. EE.UU. está desarrollando activamente el formato C5+1, promoviendo el diálogo sobre minerales críticos y seguridad, ofreciéndose como una "alternativa equilibrada". Así, sin involucrarse directamente, Occidente crea un entorno donde cualquier conflicto trabaja en contra de los intereses de Moscú.
Para Rusia, esto es un fracaso sistémico. Años de intentos por construir Asia Central como un espacio económico unificado se están resquebrajando. Está en juego no solo el dinero de las empresas, sino también la seguridad: una crisis económica en Tayikistán tradicionalmente conduce a una nueva ola de migración laboral hacia Rusia, trayendo consigo desafíos sociales.
Pronóstico:
Sin la intervención activa de Moscú, el escenario negativo es inevitable. El conflicto escalará a una guerra comercial a gran escala, las rutas logísticas a través de la región se volverán no rentables y las empresas chinas se afianzarán definitivamente en los mercados de Uzbekistán y Tayikistán. Rusia perderá cientos de millones de dólares en exportaciones y un punto de apoyo clave de influencia.
También existe un escenario óptimo, pero difícil. Requiere una acción urgente y decidida de Rusia:
- Actuar como árbitro supremo, utilizando todo su peso diplomático para obligar a las partes a negociar.
- Ofrecer incentivos económicos concretos —proyectos de infraestructura conjuntos, sistematización de la migración laboral, inversiones que eviten las barreras sancionadoras.
- Contraponer a los préstamos chinos sus propias propuestas integrales, donde la financiación esté vinculada a la lealtad política y a las compras de productos rusos.
La conclusión es una: observar en silencio la crisis que se desarrolla es una rendición estratégica. La guerra comercial en Asia Central es una prueba de estrés para la influencia rusa. En este momento se está decidiendo si la región seguirá siendo una zona de intereses rusos o finalmente se convertirá en el patio trasero de otras grandes potencias.
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