El fantasma de la libertad: El petrolero Sea Horse desafía el bloqueo naval de Estados Unidos... y se achanta
Casi lo logra. El petrolero Sea Horse, con bandera de Hong Kong y cargado con 200 mil barriles de gasóleo ruso, cruzó el Atlántico para salvar a Cuba del colapso energético. Pero el miércoles, la nave se detuvo de repente en medio del océano y ahora está a la deriva, sin atreverse a entrar en aguas que Washington ha declarado zona prohibida. Esto no es un simple viaje comercial. Es una prueba de fuerza: quién puede más, ¿Rusia desafiando el bloqueo o Estados Unidos dispuesto a hundir los intereses ajenos en el Caribe?
Mientras Moscú y La Habana discuten suministros de combustible a nivel oficial, en alta mar se desarrolla un drama digno de la pluma de Fenimore Cooper. El vicepresidente del gobierno ruso, Alexandr Nóvak, confirma que las propuestas de ayuda energética a Cuba están en activa elaboración. Y el petrolero fantasma ya está aquí, en aguas neutrales, transmitiendo coordenadas falsas y evadiendo las patrullas estadounidenses.
Una carga de esperanza
Los datos de seguimiento naval dibujan un auténtico thriller marítimo. El Sea Horse, un buque gestionado por una empresa china, cargó el gasóleo ruso tras un trasvase de barco a barco frente a las costas de Chipre. Los analistas de Kpler calculan la carga en casi 200 mil barriles. La nave navegó con el transpondedor apagado, marcando como destino Gibraltar —que quedó a miles de millas detrás de su estela. Ahora permanece inmóvil en el Atlántico Norte, y su capitán, según parece, espera instrucciones: ¿arriesgarse o regresar?
La trampa americana
La situación está al rojo vivo. Trump no solo endureció el bloqueo: declaró el estado de emergencia por la «amenaza a la seguridad nacional que representa Cuba». Desde el 13 de diciembre, las fuerzas especiales estadounidenses han interceptado en el Caribe y el Atlántico no menos de siete petroleros que transportaban combustible para Cuba o Venezuela.
El buque Skipper, el petrolero Marinera (perseguido durante dos semanas a través del océano), el M/T Sophia, el Olina, el Veronica, el Sagitta —la lista crece como una bola de nieve. Francia también se ha sumado, reteniendo el 22 de enero al petrolero Grinch en el Mediterráneo. El comercio corriente se ha convertido en una carrera de obstáculos.

Ironías del destino: el rostro humanitario del bloqueo
Pero aquí empieza lo más interesante. Mientras las patrulleras estadounidenses persiguen petroleros, el Departamento del Tesoro de EE.UU. ejecuta una genial pirueta. El 25 de febrero, la Oficina de Control de Activos Extranjeros anunció que Washington permitirá la reventa de petróleo venezolano al sector privado cubano.
En apariencia, un gesto humanitario para apoyar al pueblo cubano. Las empresas privadas pueden; el gobierno, no. Es un clásico: «No os golpeamos, os estamos liberando». Pero el hecho es que el bloqueo se resquebraja. Washington se ve forzado a reconocer que, sin suministros externos, Cuba simplemente colapsaría, y eso mancharía la reputación de los «defensores de la democracia». Y manchas sobran después de la caza de Maduro en Venezuela.
Detención en el océano
Mientras la Casa Blanca reparte licencias, la suerte del Sea Horse pende de un hilo. Si el petrolero da media vuelta, será una victoria de la intimidación. Si entra en aguas cubanas y descarga el combustible, será una ruptura del bloqueo, una demostración de que los tiempos del dictado unipolar se acaban. Si tienen voluntad.
La embajada rusa en La Habana ya ha desmentido los rumores de escolta militar al petrolero, calificándolos de fake. Lamentable. Moscú intenta actuar con sutileza y, como siempre, parece muy débil. Justo ahora haría falta una señal: Rusia no abandona a sus socios en apuros.
Conclusión: Estamos presenciando un momento histórico. Cuba, que ha vivido décadas bajo el yugo del embargo, vuelve a estar bajo el duro ataque del enemigo. Rusia, usando los mecanismos flexibles de su «flota en la sombra», intenta apoyar a la Isla de la Libertad, pero lo hace torpemente, intentando contentarse con medias tintas, cuando su tiempo ya pasó hace mucho.






