Estados Unidos adopta la letal táctica israelí para “proteger” a los civiles

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Преступление без наказания

Las fuerzas armadas de Estados Unidos han adoptado un procedimiento israelí conocido como “derribo de tejados” en su guerra contra el autodenominado Estado Islámico (en adelante, Daesh), agregando así otra fracasada táctica de Israel a su caja de herramientas contraterroristas.

Este procedimiento consiste en golpear el tajado de una vivienda o la planta superior de un edificio con un proyectil de mortero o un misil antes de bombardearlo con explosivos de mayor poder en una supuesta acción para advertir a los civiles que viven allí de que deben evacuarlo. Israel utilizó esta táctica en in intento de absolverse a sí mismo de cualquier reclamo por la muerte de civiles en Gaza. Pero los investigadores que trabajan en derechos humanos han comprobado que este procedimiento no es eficaz y frecuentemente ocasiona la muerte de muchos de los civiles que supuestamente se trata de proteger.

Sin embargo, dos años después, Estados Unidos lo está reproduciendo.

El comandante de la fuerza aérea Peter Gersten, subcomandante de operaciones e inteligencia de la coalición contra Daesh, dijo el martes a los periodistas que Estados Unidos utilizó la táctica de derribo de tejados en la muerte del supuesto responsable de finanzas de Daesh en Mosul, Iraq, a principios del pasado abril.

El “emir financiero” de Daesh, como le llamó Gersten, “era el máximo distribuidor de fondos para los combatientes de Daesh”, lo que plantea algunos interrogantes sobre la legalidad de matar a una persona que no está implicada en operaciones de combate.

“Le observamos cuando entraba y salía de su casa, vimos sus suministros, tomamos nota de la seguridad implicada en estos movimientos. Ocasionalmente, vimos también a una mujer y a sus hijos que entraban y salían de las habitaciones”, dijo Gersten. Después, invocó la manida excusa utilizada tanto por israelíes como por estadounidenses cuando se producen muertes de civiles: “Fuerzan a los civiles para que hagan de escudos humanos”.

Inspiración israelí

Según el repetido relato de Gersten, Estados Unidos concibió una táctica para evitar hacer daño a la mujer y los niños que estaban dentro de la casa. “Nos acercamos todo lo que pudimos para poner un [misil] Hellfire en el tejado del edificio y reventarlo de modo que no lo destruyera, para que solo afectara al techo y nos aseguráramos de que la mujer y los niños abandonaran el edificio”, explicó. “Después, realizamos nuestra operación.”

Gersten confirmó que ese procedimiento estaba inspirado por Israel. “Tomamos la táctica, la técnica, el procedimiento de Israel”, les dijo Gersten a los periodistas. “Por cierto, hemos observado y estudiado su forma de actuar.”

Gersten hizo notar que sus subordinados estadounidenses lanzaban panfletos para advertir a la gente del bombardeo que se produciría, otro método utilizado en Gaza por Israel, a pesar de que los civiles no disponían de sitios seguros para refugiarse. Pero al igual que en Gaza, estas tácticas fracasaron en la evitación de muertes de civiles. La mujer cuya vida, según Gersten, los militares de Estados Unidos estaban tratando de proteger fue muerta en el ataque estadounidense. Gersten reconoció que “en última instancia” la operación estadounidense “acabó con al muerte de un civil”. “Después, por mucho que tratamos de hacer lo que queríamos para minimizar el daño a civiles, después del lanzamiento de los proyectiles, ella regresó corriendo al edificio”, dijo Gersten.

Un desafío a la lógica

De haber examinado los registros reales de los israelíes, Gersten habría sabido que el procedimiento llamado derribo de tejados de ningún modo protege a los civiles.

La ofensiva militar israelí contra Gaza del verano de 2014 mató a 2.251 palestinos. Según la investigación independiente realizada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, la gran mayoría de las víctimas –1.462– fueron civiles, entre ellas 299 mujeres y 551 niños, 82 por ciento de los cuales tenían menos de 12 años. Otros 11.000 palestinos resultaron heridos, entre ellos 3.540 mujeres y 3.436 niños; cerca del 68 por ciento de los heridos quedaron con invalidez permanente.

En noviembre de 2014, el jefe del estado mayor conjunto, general Martin Dempsey, manifestó que unas semanas después de la ofensiva de Gaza las fuerzas armadas de Estados Unidos habían enviado un “equipo de estudio” a Israel para evaluar y emular “las medidas [tomadas por Israel] para evitar daños a los civiles”. Específicamente, Dempsey elogió la táctica israelí de derribo de tejados.

Pero en una declaración a The Electronic Intifada, el Pentágono negó que Estados Unidos procurara el asesoramiento de Israel, argumentando que ese país no hacía lo suficiente para evitar la muerte de civiles.

Ineficaz

Mientras tanto, investigaciones de organismos de defensa de los derechos humanos han constatado una y otra vez la absoluta ineficacia del derribo de tejados. La indagación realizada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas llegó a la conclusión de que “la técnica de ‘derribo de tejados’ no da resultados”.

Hizo notar que frecuentemente las explosiones provocaban caos y daban a los civiles muy poco tiempo para reaccionar. Por lo general, los ataques aéreos israelíes se producen entre tres y cinco minutos después del derribo del techo, lo que deja un margen demasiado estrecho para huir, sobre todo a los niños más pequeños, los ancianos y los discapacitados.

El 29 de julio de 2014, Israel lanzó un proyectil guiado contra la casa de la familia Dheir en Rafah, en el sur de la franja de Gaza, destruyéndola completamente. En total, murieron 19 integrantes de la familia, entre ellos nueve niños y siete mujeres. Una de las mujeres estaba embarazada. Este ataque se produjo después de haber destruido el tejado de la vivienda.

Un palestino en busca de víctimas entre las ruinas de la casa de la familia Dheir. Foto: Eyad Al Baba, The Electronic Intifada.

No obstante, según un informe de Naciones Unidas, los habitantes de la casa “no entendieron que el primer explosivo era una advertencia hasta que un vecino les dijo que debían abandonar la casa. Mientras estaban haciéndolo, murieron 19 personas de las 22 presentes en ese momento en la vivienda.

En otras ocasiones, “algunas familias han escapado después de un ataque aéreo dirigido contra el techo o la última planta creyendo que se trataba de una advertencia solo para ser alcanzado por misiles cuando salían de la casa y estaban en la calle”.

Tal como declaró Philip Luther, de Amnesty International, “De ninguna manera, el lanzamiento de un misil contra una vivienda civil puede ser una “advertencia” útil. Amnesty International ha documentado casos de civiles asesinados o heridos por ese tipo de misiles en acciones militares israelíes en la franja de Gaza”.

Sarah Leah Whitson, directora de Human Rights para Oriente Medio y el norte de África se expresó en similares términos: “El advertir a las familias de que deben dejar las zonas de combate no las convierte en blancos justificados porque sean incapaces de hacerlo debidamente; atacarlas deliberadamente es un crimen de guerra”.

 

AI fue todavía más allá en un minucioso informe en el que se acusaba a Israel de bombardear viviendas y edificios sin advertencia alguna y a sabiendas de que estaban llenos de civiles, con el resultado de la eliminación de familias enteras.

Incluso algunos funcionarios estadounidenses, conocedores de crímenes de guerra, quedaron consternados por el comportamiento de los israelíes en Gaza. “Esto no es cortar la hierba”, comentó un alto oficial militar estadounidense, evocando el eufemismo de Israel para rutinarias incursiones en la franja de Gaza. “Esto es quitar la capa de humus del suelo.”

El modelo israelí no funciona

A pesar de cierto reconocimiento de la atroz conducta de Israel, Estados Unidos se ha habituado a adoptar políticas israelíes y utilizarlas como si fueran propias; las consecuencias son espantosas. La táctica del “asesinato selectivo”, aunque condenada por la administración Bush, ha sido abrazada como el eje alrededor del cual gira la estrategia contraterrorista del presidente Barack Obama. Lo que una vez había sido un método israelí sumamente polémico de eliminar a resistentes palestinos es ahora utilizado por Estados Unidos para asesinar a miles de personas en Yemen, Pakistán, Afganistán, Somalia, Siria y, nuevamente, en Iraq.

La CIA se remite a una sentencia de un tribunal israelí para justificar una red mundial de mazmorras secretas en las que sus prisioneros son sometidos a todo tipo de torturas: el “submarino”*, la privación de sueño y de experiencia sensorial, la tortura sexual, las amenazas de matar o violar a seres queridos, las falsas ejecuciones, las descargas eléctricas y la “alimentación rectal” forzada, que no responde a necesidad médica alguna.

En su libro Consequence: A Memoir el ex interrogador Eric Fair revela que las fuerzas armadas de Israel entrenaron a interrogadores estadounidenses en el uso de un instrumento de tortura conocido como la “silla palestina”. Fair cuenta en su libro que esta técnica de tortura israelí, que inmoviliza a sus víctimas en una posición imposible y produce unos dolores terribles, fue utilizada con numerosos iraquíes en Fallujah.

No es una coincidencia que la “guerra contra el terror” de Estados Unidos presente una sorprendente semejanza con la ocupación y colonización de Palestina por parte de Israel. Después de todo, la doctrina de la “guerra contra el terror” fue inicialmente impulsada por Israel para justificar su criminal comportamiento contra los palestinos y sus vecinos.

En su proyecto imperial en Oriente Medio, Estados Unidos viene aplicando el mismo esquema; sus consecuencias son del todo catastróficas. La “guerra contra el terror” de Estados Unidos ha coincidido con un incremento nueve veces mayor de las muertes relacionadas con el terrorismo en todo el mundo desde el 2000; simultáneamente, ha dado lugar a la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial: la de los refugiados.

Está claro que estas tácticas israelíes son un bumerang: producen cólera, odio y resentimiento contra Estados Unidos; al mismo tiempo, convierten el planeta Tierra en un lugar menos libre y más peligroso.

Aun así, las pautas se mantienen.

 

* El “submarino” es un procedimiento de tortura que consiste en sumergir la cabeza del prisionero en una cuba llena de agua (limpia, en el mejor de los casos, o si no sucia) y mantenerla ahí hasta que el torturado esté a punto de ahogarse.