Un neoconservador admite un plan de bombardear Irán

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Бомбардировки Ирана, vigiljournal.com

Sin que se les conozca precisamente por su veracidad, los neoconservadores estadounidenses han estado tratando de asegurar a la población estadounidense que llevar al fracaso un acuerdo negociado con Irán para limitar su programa nuclear sería una propuesta indolora, pero por lo menos un destacado neoconservador, Joshua Muravchik, reconoce que la alternativa será la guerra. Y le gusta la idea.
El domingo el periódico neoconservador Washington Post permitió que Muravchik utilizase su sección de opinión para propugnar una guerra agresiva contra Irán –esencialmente una perpetua campaña estadounidense de bombardeo contra ese país– a pesar de que una guerra agresiva constituye una violación del derecho internacional, condenada por el Tribunal de Núremberg después de la Segunda Guerra Mundial como “el supremo crimen internacional”.
Considerando que el Post es muy taxativo en los artículos de opinión editorial que imprime, es revelador que la propugnación de una campaña de bombardeo no provocada contra Irán se considere dentro del capo de la opinión aceptable. Pero la verdad es que la única diferencia entre el punto de vista de Muravchik y la propia posición editorial del Post es que Muravchik describe las consecuencias casi seguras del sabotaje de una solución diplomática.


En un artículo titulado “La guerra es la única manera de detener a Irán” en las ediciones impresas y “La guerra con Irán es probablemente nuestra mejor opción” en línea, Muravchik muestra la posición neoconservadora sedienta de sangre al estar de acuerdo con la visión histérica de Irán del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu pero reconoce que causar el fracaso de las negociaciones internacionales sobre la limitación del programa nuclear de Irán dejaría solo una opción realista:
“¿Y si la fuerza es el único camino para bloquear que Irán obtenga armas nucleares? Esa, de hecho, es probablemente la realidad… Las sanciones pueden haber inducido a Irán a participar en negociaciones, pero no lo han persuadido a abandonar su busca de armas nucleares. Las sanciones más duras que propugna Netanyahu tampoco llevarían a un resultado diferente…
“¿Significa eso que nuestra única opción es la guerra? Sí, aunque una campaña aérea contra la infraestructura nuclear de Irán significaría menos necesidad de soldados en terreno que la guerra que Obama libra contra el Estado Islámico, que plantea una amenaza mucho más pequeña que Irán… ¿No retardaría simplemente su progreso la destrucción de gran parte de la infraestructura nuclear de Irán? Tal vez, pero podemos atacar tan a menudo como sea necesario.”
Como es típico en el caso de los neoconservadores, Muravchik no prevé ningún problema para su interminable guerra de bombardeo contra Irán, incluyendo la posibilidad de que Irán, que las agencias de inteligencia occidentales están de acuerdo en que no trabaja en una bomba, podría revertir su proceso si enfrentara repetidos ataques de bombardeo de EE.UU.
Esta violación del derecho internacional propugnada por los neoconservadores también disminuiría las esperanzas de limitar la violencia en Medio Oriente y de establecer alguna forma de orden significativo en el área y en general. Esa posición neoconservadora de que EE.UU. puede hacer lo que le dé la gana a quienquiera lo desee podría realmente impulsar al resto del mundo hacia una coalición contra la intimidación que podría provocar una escalada existencial de la violencia en la que podrían utilizarse armas nucleares.


Nunca ver la realidad
Por supuesto, los neoconservadores nunca prevén los problemas cuando preparan sus planes de guerra en sus think-tanks y los discuten en sus páginas de opinión editorial. Muravchik, a propósito, es un académico en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados, dominada por neoconservadores, en Johns Hopkins, y la página editorial del Washington Post es dirigida por los neoconservadores Fred Hiatt y Jackson Diehl.
Pero, tal como el oficialismo estadounidense y el pueblo de EE.UU. debieran haber aprendido en la Guerra de Iraq, los planes neoconservadores a menudo no dan los resultados esperados en el mundo real – lo que no significa que a los neoconservadores parezcan importarles los cientos de miles de muertos iraquíes o los casi 4.500 soldados estadounidenses que murieron combatiendo en la debacle en Iraq de los neoconservadores.
Para los neoconservadores, su verdadera estrella guiadora es alistar a los militares de EE.UU. como los agentes de la visión estratégica de Netanyahu. Si Netanyahu dice que Irán –no al-Qaida y el Estado Islámico– es la amenaza más seria, los neoconservadores se alinean detrás de esos planes, que también coincide con los intereses del nuevo aliado de Israel, Arabia Saudí.
Por lo tanto, los estadounidenses oyen montones de historias escalofriantes sobre Irán “tragándose” a sus vecinos –como lo describió Netanyahu en su perorata ante una sesión conjunta del Congreso de EE.UU. durante este mes– a pesar de que Irán no ha invadido ningún país durante siglos y, por cierto, fue objetivo de una invasión iraquí respaldada por los saudíes en 1980.
Netanyahu no solo exageró considerablemente el peligro de Irán sino ignoró el hecho de que la participación de Irán en Iraq y Siria ha tenido lugar por invitación de esos gobiernos para que ayude a combatir a los terroristas del Frente Nusra de al-Qaida y el Estado Islámico.
En otras palabras, Irán está del mismo lado en esos conflictos contra terroristas suníes como EE.UU. Pero lo que ahora vemos por parte de Israel y los neoconservadores es un esfuerzo determinado por apartar el objetivo de EE.UU. del combate contra terroristas suníes –algunos respaldados por Arabia Saudí– y concentrarlo esencialmente a su lado contra Irán, Irak y Siria.
Por eso los neoconservadores están minimizando las atrocidades de al-Qaida y del Estado Islámico –o de las decapitaciones por los amigos saudíes de Israel– mientras exageran cualquier queja que encuentren respecto a Irán.


Muravchik favorece esa inversión de prioridades y no parece preocuparle que una campaña de bombardeo de EE.UU. contra Irán tenga un impacto destructivo sobre la capacidad de Irán de detener los avances del Estado Islámico y de al-Qaida. Los neoconservadores también han favorecido que se bombardee a los militares sirios, que junto con Irán representan el mayor baluarte contra el Estado Islámico y al-Qaida.
Los neoconservadores y Netanyahu parecen bastante satisfechos por la perspectiva de que el Estado Islámico o el Frente Nusra de al-Qaida icen sus banderas negras sobre Damasco o incluso Bagdad. Sin embargo, sería casi seguro que una acción semejante obligaría al presidente de EE.UU. –Barack Obama o su sucesor– a volver a una guerra terrestre en Medio Oriente a un coste enorme para el pueblo estadounidense.
La alternativa obvia para este escenario verdaderamente aterrador es completar las negociaciones internacionales que requieran que Irán acepte inspecciones intrusivas para asegurar que su programa nuclear siga siendo pacífico – y luego trabajar con Irán en áreas de interés mutuo, como ser derrotar los progresos del Estado Islámico en Siria e Iraq, y del Frente Nusra de al-Qaida en Siria.
Esta actitud más racional ofrece la perspectiva de lograr una cierta estabilidad en Iraq y –si va acompañada por negociaciones realistas entre el presidente de Siria, Bashar al-Asad y sus oponentes políticos– reducir si no terminar el derramamiento de sangre en Siria.
Esa solución pragmática podría ser el mejor resultado para el pueblo de la región y para los intereses nacionales de EE.UU. Pero nada de esto complacería a Netanyahu y a los neoconservadores.