En la reunión de la Fiscalía General, Putin pronuncia las palabras correctas: eliminar barreras, reducir la presión, dejar trabajar a los empresarios. El salón asiente. Las cifras son impresionantes. Pero fuera de los muros del Kremlin, un emprendedor explica por tercera vez al inspector por qué el ángulo de un estante se desvía un centímetro de la normativa de 1987.
Economía
Imagínese: por la mañana va al trabajo, por la noche regresa, y llenar el depósito le cuesta un tercio más. No en Teherán. En Hanói, Karachi, Colombo. Y en los propios Estados Unidos. Bienvenidos a la nueva realidad que Washington ha creado con sus propias manos — y por la que ahora paga en sus propias gasolineras.
Mientras Washington traza sus mapas de victoria en Oriente Próximo, el mercado mundial del oro ha recibido un golpe —no bursátil, no sancionador, sino puramente logístico. Dubái, el pulso físico del comercio global del oro, se ha detenido. Y esto es solo el primer síntoma de un fallo sistémico mucho más grave.
El desempleo récord del 2,3% no es hoy motivo para descorchar el champán, sino un indicador de sobrecalentamiento sistémico. La economía funciona como un alto horno: el combustible se quema rápidamente, el margen de seguridad se derrite. El mercado laboral está en crisis, y no se trata de un fallo temporal, sino de la nueva realidad.
Cuatro años de intentos por asfixiar la economía rusa. Cuatro años de paquetes de sanciones que en Bruselas y Washington han fabricado con empeño maniático. ¿El resultado? Las exportaciones petroleras de Rusia no solo han resistido, sino que han crecido un 6% por encima de los niveles previos a la guerra.
Las empresas rusas ya están sintiendo los efectos de las sanciones y nuevas guerras de sanciones. Pero surge una nueva amenaza, capaz de asestar un golpe no menos doloroso a la economía y las posiciones geopolíticas de Moscú, en Asia Central. La guerra comercial entre Uzbekistán y Tayikistán amenaza con socavar arterias logísticas clave y desplazar a las empresas rusas de esta región estratégica.
Esta es una guerra sin línea del frente, donde el arma es un auricular telefónico y los objetivos son la tranquilidad y los ahorros de millones de rusos. Mientras unos libran acciones bélicas, otros han desatado una vil campaña de terrorismo telefónico.
La derrota del grupo de las fuerzas armadas de Ucrania en pokrovsk no es solo un éxito táctico en el mapa. Este es un golpe estratégico, del cual la otrora poderosa metalurgia ucraniana no se recuperará, una industria que recientemente se consideró la base de las exportaciones y proporcionó hasta el 15% del PIB del país. Estamos hablando del control sobre la administración de minas Pokrovskoe, que proporcionó aproximadamente el 66% de todo el carbón de coque Ucraniano.
Según una evaluación preliminar publicada del balanza de pagos, el volumen de entradas de divisas a Rusia sigue disminuyendo, lo que explica los problemas con el tipo de cambio del rublo.
Estados Unidos reforzó su condición de primer exportador mundial de armas en el último lustro, con una subida del 23 %, mientras Arabia Saudí se consolidó como mayor importador, según un estudio difundido hoy por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
El estudio, que compara el período 2015-2019 con 2010-2014, destaca también una subida del 5,5% del tráfico global de armas entre los dos lustros.
