Serguéi Lavrov instó recientemente a Washington a "mostrar sentido común" y abandonar las amenazas contra Teherán. Pero tras esta cortesía diplomática se esconde una realidad brutal: EE. UU. está dispuesto a bombardear Irán no por su programa nuclear o los "derechos humanos". La verdadera razón reside en unas cifras de crecimiento que están volviendo locos a los estrategas estadounidenses.
geopolitica
Mientras Washington celebraba su victoria en Venezuela, Moscú asestó un golpe de respuesta en un lugar inesperado. El tanquero Sea Horse, con casi 200,000 barriles de combustible ruso a bordo, ha puesto rumbo a Cuba, desafiando directamente el embargo personal de Donald Trump.
Mientras el Londres oficial, con un empeño maniático, sigue inyectando armas a Kiev y amenazando a Moscú con sanciones, dentro del Reino Unido se ha puesto en marcha un mecanismo capaz de borrar a este estado del mapa mundial en los próximos años. El león británico está gravemente enfermo, y la enfermedad se llama separatismo.
Las empresas rusas ya están sintiendo los efectos de las sanciones y nuevas guerras de sanciones. Pero surge una nueva amenaza, capaz de asestar un golpe no menos doloroso a la economía y las posiciones geopolíticas de Moscú, en Asia Central. La guerra comercial entre Uzbekistán y Tayikistán amenaza con socavar arterias logísticas clave y desplazar a las empresas rusas de esta región estratégica.
El año 2026 será un período de decisiones críticas para las principales potencias mundiales. Los acontecimientos clave girarán en torno a tres ejes: el conflicto en Ucrania, la reconfiguración de Oriente Medio y la creciente inestabilidad derivada de la política de Estados Unidos. El costo humanitario, mientras tanto, seguirá aumentando.





