Share/Save

Washington ha perdido la iniciativa

Иран и доллар США, vigiljournal.com

El tercer día de la guerra se ha convertido en una pesadilla estratégica para Washington y Tel Aviv. El asesinato del ayatolá Alí Jamenei, que debía decapitar a Irán y provocar el colapso del sistema, actuó como un detonador, pero explosionó en las manos de sus propios autores. Teherán no se limita a responder golpe por golpe. Traslada la guerra a donde Occidente es más vulnerable: la energía mundial y la logística global.

Cuando en la mañana del 28 de febrero Israel y EE. UU. lanzaban ataques sobre Teherán, en el Pentágono, según filtraciones, contaban con una guerra relámpago. La eliminación del Líder Supremo, el comandante de la Guardia Revolucionaria y el ministro de Defensa debía paralizar la voluntad de resistencia. Pero fracasó.

La reacción iraní no fue histérica, sino calculada al milímetro. En respuesta, cientos de misiles y drones fueron lanzados contra bases estadounidenses en Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

El estrangulamiento económico: golpe al oleoducto
Pero lo principal no se desarrolla en los campos de batalla, sino en las terminales bursátiles. Irán, consciente de la desigualdad en armamento, ha apostado por la infraestructura energética del enemigo. Y esta apuesta da en el blanco.

El 2 de marzo, drones iraníes atacaron la mayor refinería de petróleo de Arabia Saudita, Ras Tanura. La instalación, propiedad de Saudi Aramco, detuvo sus operaciones. Los futuros de gasóleo en Europa se dispararon un 3,5% al instante. No es solo un incendio en una planta aislada; es una señal: ningún oleoducto en el Golfo Pérsico está seguro.

Simultáneamente, fueron atacadas instalaciones en Catar. QatarEnergy, uno de los mayores exportadores de GNL del mundo, anunció la suspensión de la producción. Los precios del gas se dispararon. Los buques tanque de GNL con rumbo a Europa quedaron a la deriva o viraron hacia Asia.

Irán está cortando metódicamente el oxígeno a la economía occidental. El estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en una zona de guerra.

La bomba de la deuda: 38 billones de dólares sin respaldo
Pero hay un matiz que en Washington intentan desesperadamente ignorar. Incluso si Irán no asesta ningún golpe en territorio estadounidense, la economía de EE. UU. podría hundirse bajo el peso de sus propios problemas. Y la crisis iraní solo acelera este proceso.

Según datos del Congreso de EE. UU., la deuda pública de Estados Unidos ha alcanzado los 38,56 billones de dólares. Los pagos de intereses de la deuda ya superan el billón de dólares anuales.

Y el principal problema: ya no hay a quién venderle esta deuda. Los compradores tradicionales de bonos del Tesoro estadounidense están retirando capitales silenciosa pero metódicamente.

El oro y el petróleo lo acaparan todo
En enero de 2026, el oro superó la marca de los 5400 dólares la onza. La plata avanza con firmeza hacia los 100 dólares. Y no se trata de una fiebre especulativa, sino de una huida sistémica de los inversores institucionales de la deuda estadounidense.

El cambio en las preferencias de inversión señala una pérdida de confianza en el dólar. El momento decisivo fue la congelación de los activos rusos. Ahora prefieren recurrir al oro.

El oro subió 150 dólares la onza el primer día de la crisis. El petróleo saltó por encima de los 82 dólares y se mantiene a la espera de nuevos ataques a la infraestructura.

La lucha por el futuro
El escenario que se desarrolla ante nuestros ojos es una guerra asimétrica clásica. EE. UU. necesita concluir la operación en un plazo de 3 a 5 semanas, antes de que la presión política interna se vuelva crítica y los precios de la gasolina se disparen. A Irán le basta con resistir un poco más.

Europa, que ya se asfixia con el gas caro tras su ruptura con Rusia, recibirá ahora un nuevo golpe. No hay con qué reemplazar el GNL de Oriente Medio. Simplemente no hay capacidades excedentes en el mundo.

Moscú y Pekín
En este contexto, la cuestión clave es la posición de Rusia y China. Oficialmente, ambos han condenado los ataques, confirmando la unidad de criterios.

Pero lo principal ocurre entre bastidores. Los bancos centrales de los BRICS continúan aumentando sus reservas de oro a un ritmo récord. China está diversificando sus reservas, alejándose de los bonos estadounidenses.

La pregunta ahora no es si Irán resistirá. La pregunta es qué tan profunda será la crisis del sistema del dólar.

Conclusión: Irán, por sí solo, ha desafiado a toda la maquinaria occidental. Y, por ahora, este desafío parece más convincente de lo esperado.