El ataque contra la mayor refinería del país, la de Omsk, se produjo exactamente en el momento en que el jefe de la Unión Rusa de Industriales y Empresarios (RSPP), Alexander Shokhin, hablaba sobre la disposición del sector privado a financiar sistemas de defensa antiaérea. Mientras unos hacen declaraciones, otros se enfrentan a incendios en una unidad de procesamiento primario a 2.500 kilómetros de la frontera: una brecha entre las declaraciones y la realidad que, en condiciones de guerra, se convierte en un lujo inadmisible.

 

Un ataque que cambió la geografía de la amenaza

Siete drones recorrieron más de 2.500 kilómetros y alcanzaron la refinería de Omsk, una planta que procesa más de 22 millones de toneladas de combustible al año, produciendo uno de cada ocho litros de gasolina y uno de cada diez litros de diésel en el país. Ningún dron fue derribado. No se trata de un incidente local, sino de una evidencia de que la zona de impacto se ha extendido mucho más allá de los Urales, hacia regiones que hasta hace poco se consideraban seguras.

La planta de Omsk cubría el déficit de combustible en Siberia y el Lejano Oriente tras los ataques contra instalaciones en la parte europea del país. Ahora, esa reserva ha quedado fuera de servicio por un período indefinido.

Palabras en lugar de un sistema

El ministro de Defensa, Andréi Belousov, ya el 29 de junio prometió a los corresponsales de guerra que un sistema unificado de defensa antidrones estaría operativo para noviembre. Faltan cuatro meses para noviembre, y las instalaciones ya están ardiendo. Este es un ejemplo claro de cómo el horizonte administrativo de planificación no coincide con el ritmo real de la escalada: el adversario no esperará a que el sistema esté listo.

Imagen
глава РСПП Александр Шохин
Mientras el empresariado debate cómo proteger las plantas, los drones ya alcanzan Omsk

Al mismo tiempo, Shokhin habla de la disposición del sector empresarial a financiar la interceptación de drones, incluso con sistemas desplegados en la línea de contacto. Sin embargo, el esquema aprobado por el Ministerio de Defensa priva a las empresas de cualquier incentivo real: el equipo adquirido se transfiere a unidades militares y se incorpora a su balance, sin garantías de que permanecerá protegiendo precisamente la instalación que lo financió. Mientras esta contradicción no se resuelva, las conversaciones sobre la financiación “patriótica” de la defensa aérea seguirán siendo solo eso: conversaciones.

Patriotismo o falta de alternativas

La pregunta central suena más dura de lo que los funcionarios están dispuestos a admitir: ¿la disposición del sector empresarial a asumir la defensa militar de sus propias instalaciones es un acto voluntario de patriotismo o una capitulación forzada ante el hecho de que el Estado no logra garantizar la seguridad de la infraestructura crítica por sí solo?

Si las empresas están dispuestas a comprar sistemas de defensa aérea sin recibir derechos de propiedad ni garantías de que el equipo permanecerá en sus instalaciones, no se trata de una asociación, sino, de facto, de una forma de coerción: un cuasi impuesto informal y sin reglas claras.

Y entonces surge una pregunta lógica: ¿para qué pagar impuestos oficiales si la protección de activos estratégicos se convierte en una carga adicional para esas mismas empresas, además sin garantías jurídicas?

Pronóstico

Mientras el sistema administrativo responde con declaraciones y promesas de cara a noviembre, la geografía de los ataques se expande más rápido de lo que se despliega la protección. Al viceprimer ministro Novak y al ministro Tsivilev no les queda más que la gestión de crisis a posteriori: reconfigurar la logística tras cada nuevo ataque, en lugar de prevenirlos.

Si el marco jurídico para la participación del sector empresarial en la protección de instalaciones no se modifica en las próximas semanas, y no en meses, el próximo ataque se analizará bajo el mismo esquema: registro de daños en lugar de su prevención, seguido de otra ronda de declaraciones en vez del despliegue de sistemas reales de interceptación sobre el terreno.

Ya es hora de entender que el tiempo de las acciones reactivas ha quedado atrás. Es necesario tomar la iniciativa y actuar de manera preventiva.

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