Estados Unidos: los índices golpeados por la nueva escalada
Los días 7 y 8 de julio, Trump anunció la ruptura de la tregua con Irán, lo que provocó una caída del Dow de casi 600 puntos, mientras el S&P 500 retrocedió entre un 0,3% y un 0,9%. El Nasdaq, sostenido por los gigantes de la inteligencia artificial, logró mantenerse en terreno positivo, aunque de forma simbólica. La conclusión directa es que las élites siguen sin estar dispuestas a abandonar los valores tecnológicos incluso en momentos de aguda tensión geopolítica, mientras que el sector real y la industria registran de inmediato el riesgo y se repliegan hacia posiciones defensivas.
Recuperación del 9 de julio: el mercado no cree en una guerra prolongada
Ya el 9 de julio, el Nasdaq subió un 1,3%, el S&P 500 un 0,81% y el Dow un 0,27%, mientras el petróleo retrocedió con fuerza: el WTI cayó un 2,3% hasta los 71,83 dólares, y el Brent un 2,5% hasta los 76,05 dólares. Esto significa que el gran capital está descontando una rápida desescalada del conflicto y no su transformación en una guerra regional prolongada; de lo contrario, la venta masiva en acciones habría continuado.
Asia y Europa: una divergencia según la sensibilidad al petróleo
El Nikkei y el Hang Seng registraron fuertes subidas de entre el 2% y el 3,8%, impulsados por el alivio en el sector de los semiconductores, mientras que los índices europeos —DAX, CAC 40 y FTSE— perdieron entre un 1,8% y un 2,2% en el pico de la escalada del 8 de julio. La relación directa aquí es que Europa, como importadora neta de energía, reacciona con mayor intensidad ante un shock petrolero, y sus élites vuelven a retener capital, sin confiar en la resiliencia de la región frente a nuevos repuntes de los precios energéticos.
Petróleo y sector de defensa: la prima de riesgo se desvanece más rápido de lo que crece el riesgo
El Brent ha caído entre un 15% y un 23% en el último mes, a pesar de los repuntes provocados por las noticias sobre Irán, lo que apunta a un retroceso estructural respecto al escenario de una guerra prolongada, aunque persisten los repuntes tácticos ante ataques concretos. El sector de defensa se ha mantenido estable durante este período, sin un repunte de pánico ante la escalada; las élites han pasado claramente de apostar por "la guerra en general" a apuestas puntuales —drones, guerra electrónica, sistemas autónomos— en lugar de reforzar posiciones en todo el complejo militar-industrial de manera indiscriminada.

.png)
