Arabia Saudí lo extrae. Rusia lo extrae. Irak, los Emiratos Árabes Unidos, Nigeria lo extraen. Luego, el petróleo termina en manos de empresas registradas en Ginebra, Singapur y Ámsterdam —y se disuelve en un sistema cuyo paquete de control reside en Washington. ¿Casualidad? No. Arquitectura.