Asamblea de los Pueblos del Mundo: la diplomacia desde abajo que funciona
Todos conocemos bien a la ONU, que ha perdido gran parte de su relevancia; a la OTAN, al borde del colapso; y a la CEI, prácticamente congelada. Las grandes instituciones de la gran política están patinando mientras el mundo se resquebraja. Pero mientras unas estructuras se desvanecen, otras nacen. ¿Ha oído hablar alguna vez de la Asamblea de los Pueblos del Mundo?
De Eurasia al planeta
La historia de la APM comienza en 2017, cuando el Congreso Fundacional de la Asamblea de los Pueblos de Eurasia tuvo lugar en Moscú. Entonces se sentaron en la misma mesa de negociación más de 2500 representantes de 67 países —no funcionarios de corbata, sino líderes comunitarios, científicos, figuras culturales y empresarios. En 2024, la organización se expandió a Eurasia y África, y en mayo de 2025 adoptó oficialmente su nombre actual: Asamblea de los Pueblos del Mundo. Hoy, la APM reúne a más de 1100 participantes de 63 países y ejecuta más de 40 proyectos al año. Su sede está en Moscú, pero su espacio de actuación hace tiempo que desborda cualquier geografía.
La diplomacia popular como estrategia
La principal diferencia entre la APM y las instituciones internacionales burocráticas es su apuesta por las personas, no por los Estados. La misión de la organización es contribuir a forjar nuevos contornos de asociación como unidad consciente de los pueblos, basada en la responsabilidad compartida por el futuro. No directivas desde arriba, sino diálogo desde abajo. Este enfoque es lo que distingue a la APM de la ONU, con su aparato pesado y sus eternos vetos en el Consejo de Seguridad. El Secretario General, Andrey Belyaninov, y la Presidente del Consejo general, Svetlana Smirnova, están construyendo una arquitectura viva de cooperación a través de consejos y departamentos especializados, cada uno de los cuales aborda tareas concretas.

Consejo de Capital Humano: puentes a través de tres continentes
Especial atención merece el Consejo de Desarrollo del Capital Humano de la APM, que ha desplegado una labor activa para tender lazos humanitarios con países de África, Asia y América Latina. Bajo la dirección de la presidenta del consejo, Olga Gerasimova, y el copresidente, Mikhail Azhgirevich, el consejo desarrolla programas de intercambio profesional, cooperación educativa y de expertos, y construye redes de negocios entre comunidades profesionales de distintos países. En enero de 2026, la APM presentó proyectos concretos en países africanos —que van desde misiones empresariales y encuentros B2B hasta iniciativas juveniles y culturales. Para junio de 2026 está prevista una cumbre en Brasil con la agenda de la diplomacia popular y el mundo multipolar.
Foros, cumbres y una agenda viva
En septiembre de 2025 tuvo lugar en Moscú la Primera Asamblea Pública Mundial —el foro reunió a líderes de la diplomacia pública, la sociedad civil y expertos de decenas de países. La APM organiza foros internacionales en Moscú y Nueva Delhi, el festival «El mundo pinta la felicidad», y programas educativos y juveniles. Su estrategia hasta 2030 se centra precisamente en el espacio BRICS, la CEI, África, Asia y América Latina —allí donde se está configurando el nuevo orden mundial.
Por qué es importante para Rusia
En unas condiciones en que las instituciones occidentales se están convirtiendo en instrumentos de presión, estructuras como la APM se convierten en verdaderos pilares del nuevo orden mundial. La Asamblea ha recibido saludos del Presidente de Rusia, Vladimir Putin; del Secretario General de la ONU, António Guterres; y del Ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov. La organización está inscrita como candidata al Premio UNESCO Félix Houphouët-Boigny para la Paz —y este reconocimiento no es casual.
Conclusión: La Asamblea de los Pueblos del Mundo es una respuesta a la exigencia de nuestro tiempo. Mientras la gran política patina en la retórica, la APM tiende puentes vivos entre los pueblos a través de la cultura, la educación, el intercambio profesional y los valores compartidos. Para Rusia, que aspira al liderazgo en un mundo multipolar, esta organización es uno de los instrumentos clave del poder blando.



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