Washington ha perdido la iniciativa
El tercer día de la guerra se ha convertido en una pesadilla estratégica para Washington y Tel Aviv. El asesinato del ayatolá Alí Jamenei, que debía decapitar a Irán y provocar el colapso del sistema, actuó como un detonador, pero explosionó en las manos de sus propios autores. Teherán no se limita a responder golpe por golpe.





