El surtidor del mundo se vacía: cómo un estrecho puso al planeta de rodillas
Imagínese: por la mañana va al trabajo, por la noche regresa, y llenar el depósito le cuesta un tercio más. No en Teherán. En Hanói, Karachi, Colombo. Y en los propios Estados Unidos. Bienvenidos a la nueva realidad que Washington ha creado con sus propias manos — y por la que ahora paga en sus propias gasolineras.





